¿Estamos solos en el Universo?

A medida que el ser humano avanza en su conocimiento del Universo, se comprueba que cada vez existen menos fenómenos aislados y únicos. Así que, en teoría, si en nuestro planeta se dio la vida, por fuerza en otros planetas ha tenido que darse.

Esta deducción ha resultado tan evidente para todos los científicos que han desentrañado las reyes físicas que rigen el universo, que ha tenido que ser admitida incluso por personas tan escépticas como Carl Sagan o Stephen Hawking. Incluso el Vaticano, tan reacio a considerar la existencia de vida extraterrestre, ha terminado admitiendo que, de existir ésta, y si un día tenemos pruebas evidentes de tal existencia, habrá que admitir que fue igualmente creada por Dios.

Watson y Crick estudiando el ADN

Pero el asunto dio un giro inesperado cuando dos científicos galardonados con un premio Nobel de Medicina en 1962, James D. Watson y Francis Harry Compton Crick, desarrollaron una teoría que consideraba que la vida la Tierra era de origen extraterrestre. A esta idea se la conoció como la teoría de las panspermia.

Pero que nadie corra a buscar hombrecillos verdes, pues lo que realmente defiende esta teoría es que las moléculas orgánicas llegaron a la Tierra primigenia estéril a bordo de un meteorito. Estas moléculas, al aterrizar en unas condiciones ácidas y bastante agresivas químicamente, reaccionaron con otros átomos plenamente terrestres comenzando a desarrollarse las primeras formas de vida, que fueron ganando en complejidad mientras evolucionaban.

Tampoco la misión Kepler ha sido la primera creada por la NASA con intención de dar respuesta a la pregunta de si estamos solos en el universo. Hace ya décadas, en 1970, comenzó una iniciativa de búsqueda de emisiones de señales de radio en el Universo, que mostraran una serie de peculiaridades que pudieran descartar su origen natural y por tanto, que sólo pudieron ser producidas de forma artificial.

Radiotelescopios del proyecto SETI

Tal fue la gran acogida de este proyecto que incluso se llevó a cabo un subproyecto, llamado SETI home, en el que cualquier persona con un ordenador suficientemente potente podía registrarse y ponerlo a analizar señales, para ayudar así al proyecto general y poder escudriñar un mayor número de señales recogidas. Aún con todo, hasta la fecha no ha podido detectarse una sola señal cuyo origen sea exclusivamente artificial.


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