Las ventanas al Universo

Debido a la existencia de la atmósfera, prácticamente casi todos los elementos del espacio son repelidos o bien resultan muy disipados, de manera que se vuelven prácticamente inocuos para las formas de vida terrestre. De hecho, las mal llamadas estrellas fugaces son en realidad fragmentos rocosos con una cola gaseosa.

Al atravesar el pequeño meteorito algunas capas de la atmósfera terrestre que están a muy altas temperaturas, así como calentarse por la fricción que le provoca el roce con las partículas en suspensión, el fragmento rocoso aumenta su temperatura superficial hasta llegar casi a fundirse. Parte de los componentes de estos cuerpos pasan a estado gaseoso, generando la característica cola visible mientras cae hacia la superficie de la Tierra, atraído por la gravedad.

Opacidad de la atmósfera

Aún así, no debemos olvidar que algunos científicos consideran que ciertas radiaciones pudieron influir en la aparición de diferentes mutaciones en los genes de los seres vivos, influyendo así en la evolución de la vida sobre el planeta.

Siendo estrictos, en realidad la atmósfera terrestre no resulta totalmente impenetrable sino que posee dos ventanas o aberturas al universo que permiten pasar las radiaciones electromagnéticas con unas longitudes de onda determinadas. La primera imagen muestra un esquema de ambas: la visible y la sónica.

Así, se puede hablar de la ventana óptica para la luz visible y zonas cercanas a los rayos ultravioletas e infrarrojos del espectro. Por eso es tan importante que nos acostumbremos a usar una protección con un filtro solar adecuado a la sensibilidad de nuestra piel, cada vez que nos expongamos a la luz del Sol ya que este tipo de radiaciones procedentes del espacio y no visibles, inciden y dañan nuestros tejidos.

Por su parte, la ventana sónica o del sonido permiten pasar a ciertas ondas de radio, concretamente las cortas, mientras que otras suelen rebotar en la ionosfera, retornando al espacio. Si miramos al cielo un día despejado, podremos ver varias líneas blancas dejadas por los aviones que precisamente han pasado esta ventana o barrera del sonido, como se aprecia en la imagen. Cuando un avión atraviesa este límite, se genera un gran estruendo similar a un enorme trueno, aunque no llueva.

Barrera del sonido alcanzada por aviones

El ser humano ha aprovechado esta abertura sónica, en sus misiones espaciales de manera que los astronautas pueden comunicarse en tiempo real con la base ubicada en la Tierra. También por ello los distintos satélites artificiales que tenemos dispersos por el Sistema Solar pueden enviarnos fotografías y medidas de gases, de radiaciones y otros parámetros medidos a lo largo de sus viajes por el universo cercano que apenas comenzamos a explorar.


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