Islas: oceánicas, continentales, volcánicas, coralinas

Hay islas de varios tipos, según su origen. Pueden ser volcánicas, coralinas, prolongaciones de un continente o cimas de montañas submarinas. Las islas se encuentran a veces agrupadas, formando una unidad geográfica llamada archipiélago. Cuando las islas son muy pequeñas se les suele llamar "islotes".

Islas oceánicas

Son islas alejadas de los continentes y que tienen un origen distinto de estos. Pueden aparecer cuando una montaña o dorsal submarina se eleva sobre la superfície del mar. Por este motivo, suelen tener un relieve abrupto. Otras veces son el resultado de grandes plegamientos o porciones del supercontinente original (pangea) que no se fusionaron con los actuales.

Madagascar y Nueva Zelanda son dos ejemplos de grandes islas oceánicas.

Islas continentales

Son islas que se encuentran en las proximidades de un continente, separadas por un estrecho poco profundo que en algunas época geológicas pudo estar emergido. Estas islas son una prolongación del continente, como lo demuestran los fósiles y tipos de rocas que contienen.

Las Islas Británicas son un archipiélago que forma parte de la plataforma continental europea.

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Islas volcánicas

Este tipo de islas es el resultado de la actividad volcánica que tiene lugar en las dorsales oceánicas o en otros centros de este tipo dispersos por los océanos. A menudo aparecen en grupo. Estas islas se siguen formando o desapareciendo en la actualidad, como la isla de Surtsey, en Islandia, nacida en una erupción en 1963. El Pacífico contiene un gran número de islas volcánicas.

Las Islas Canarias, nacidas durante las últimas etapas del plegamiento de la dorsal Atlántica, son otro ejemplo de archipiélago volcánico.

Islas coralinas

Son formaciones de origen biológico, debidas a la intensa actividad de los corales que, al morir, dejan sus esqueletos calcáreos formando una estructura que sirve de base para el desarrollo de nuevos corales. Así se pueden llegar a formar grandes estructuras, cuyas partes más profundas se hunden, permitiendo el crecimiento por la zona superior, donde hay más luz.

Las zonas emergidas sufren los efectos de la erosión, creando suelos donde pueden desarrollarse las plantas. Evidentemente, alcanzan poca altura sobre el nivel del mar. Suelen aparecer formando círculos, con una laguna central que se comunica con el mar. Si la estructura sigue creciendo, esta laguna puede secarse, uniendo los distintos islotes en una única isla.

La Gran Barrera de Arrecifes, frente a las costas de Australia, es un ejemplo de islas coralinas.




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