El baile de los continentes

El interior de nuestro planeta se encuentra a enormes temperaturas que generan que las capas más internas se encuentren en un estado plástico o semifundido. Precisamente por ello aparecen unos sistemas de convección muy parecidos a los producidos en las estufas de gas y radiadores. Masas fundidas de roca al estar calientes y disminuir su densidad, ascienden a la par que parte de ese flujo que se enfría y gana peso, descendiendo y profundizando hacia el núcleo donde vuelve a calentarse y ascender.

Células de convección

En este ascenso de material caliente fundido, si hay zonas de debilidad en las capas situadas por encima, puede producirse una fuga de magma hacia la superficie del planeta generando una separación en ese punto de las placas que conforman la corteza. Generalmente las zonas donde mayor vulcanismo se da es en las llamadas dorsales oceánicas, que corresponden a zonas donde se está creando nueva corteza terrestre. En correspondencia, habrá otras zonas de la superficie terrestre donde se destruya corteza y son las denominadas zonas de subducción.

Como podemos imaginar, la superficie de nuestro planeta no es continua sino que se encuentra dividida en porciones o placas litosféricas denominadas así en honor a la litosfera o capa rígida formada por la corteza terrestre (o superficie, la capa más externa y delgada de nuestro planeta) y los primeros 50 km del manto (la capa situada inmediatamente bajo la corteza).

Tectónica de placas

Como las células de convección arrastran a las placas situadas sobre ellas, éstas son dinámicas cambiando su forma y dimensiones a lo largo del tiempo geológico. De hecho, actualmente se estima que se desplazan 1 o 2 cm al año, arrastrando en su movimiento a los océanos y continentes que contienen.

Este movimiento de las placas explica el origen de océanos, la formación de montañas el vulcanismo o los terremotos. Su conjunto constituye la teoría científica denominada tectónica de placas, compuesta por la deriva continental obra de Alfred Wegener en 1912 y la expansión del fondo oceánico, desarrollada medio siglo más tarde.

Tectónica de placas

La semilla de esta idea surgió en la mente de Wegener al unificar principalmente tres observaciones fundamentales: la coincidencia entre las costas este de Sudamérica y las oeste del continente africano (prueba geográfica), la aparición de fósiles y rocas similares en los continentes que forman los bordes de un océano que los separa (pruebas paleontológicas y geológicas). De todo esto dedujo que los continentes han ido variando su posición relativa y que en algún momento de la historia de la Tierra llegaron a estar en contacto continentes que actualmente se encuentran separados.

Nacía así la Tectónica de Placas, una de las teorías fundamentales de la Geología. Wegener cometió algunos errores como considerar que cada continente constituía una placa, ignorando los océanos y el lecho de éstos; sin embargo lo que no se le puede reprochar al geofísico alemán es haber tenido la suficiente claridad de ideas como para englobar los movimientos de las placas, las formaciones de relieves o la evolución y dispersión de especies en el pasado.


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