¿Cómo se forma un desierto?

Existen condiciones atmosféricas y regímenes climáticos que naturalmente dejan tras de sí tierras improductivas, sin apenas plantas en ellas. Numerosas acciones del hombre parecen favorecer y agilizar el proceso de forma que, siendo conscientes de ello, podremos evitar las consecuencias fatales, ralentizar el proceso e incluso hacerlo reversible. Pasemos a analizar cómo.

Bardenas Reales de Navarra: clima seco con grietas de desecación

Según estimaciones científicas, un tercio de la superficie del planeta será desierto en el año 2.100. Esto puede deberse al cambio climático, que supone una radicalización en las estaciones climáticas. Cada vez hay más épocas secas, sin apenas precipitaciones y con altas temperaturas, y húmedas, con lluvias torrenciales, granizo y nevadas en cotas en las que, tiempos atrás, era impensable que nevara.

Mudcrack o grietas de desecación

El problema de la desertización es un círculo cerrado, porque al cambiar el clima a condiciones más cálidas y secas, parte de la vegetación muere. Al desaparecer las plantas, el suelo no puede desprender humedad a la atmósfera y, por tanto, no lloverá. Además, como no hay raíces que aguanten el terreno, el suelo es arrastrado por el agua a favor de la pendiente, formándose grietas, conocidas como cárcavas.

A causa de las altas temperaturas y la exposición al sol, la poca agua que permanece en el suelo asciende hacia la superficie, evaporándose y dejando el suelo cuarteado y formando escamas por las llamadas grietas de desecación.

Medidas para prevenir y corregir la desertización

Medidas para frenar la desertización

Para evitar que la desertización progrese en una zona, degenerando en un desierto, lo principal es llegar a conocer la potencial pérdida de suelo que podría sufrir y, para ello, suelen usarse dos tipos de métodos.

El método directo se llama así porque consiste en la observación directa del grado de erosión que está sufriendo un suelo ante nuestros ojos, día a día. Para ello se habla de:

indicadores físicos: que consisten en clavos o varillas con ciertas marcas colocadas verticalmente en el suelo en determinadas zonas con pendiente. Al cabo de un tiempo de medir las marcas del terreno se podrá estimar la cantidad de suelo que se pierde, si se han inclinado respecto de la vertical (informaría de un peligro potencial de corrimiento de suelos), si han ido apareciendo grietas (alerta de la formación de cárcavas), aparición de manchas claras en el terreno (acumulación de sales por evapotranspiración), etc.

indicadores biológicos: se elige una zona en la que se estudiará la evolución de la vegetación con el tiempo. En función de ella se distinguirán distintos grados de erosión: nulo (la vegetación permanece densa, sin mostrar raíces descubiertas), bajo (vegetación aclarada, con ligera exposición de raíces y pedestales de erosión o acúmulo de arena y piedras con menos de un centímetro de altura junto a las raíces), medio (vegetación aclarada, con pedestales de 1-5 cm de altura), alto (vegetación escasa con pedestales de 5-10 cm de altura) y muy alto (formación de barrancos y cárcavas, sin apenas vegetación).

Estamariu, Lleida: aterrazar el terreno frena la erosión

El método indirecto consiste en la denominada "ecuación universal de la pérdida de suelo" o USLE (del inglés, Universal Soil Loss Equation) desarrollada en Estados Unidos hacia 1930, si bien no comenzó a usarse hasta 1965.

Dicha ecuación tiene esta forma: A = R K L S C P donde A es la pérdida de suelo en la zona considerada, R mide la erosionabilidad causada por la lluvia, L corresponde a la longitud o extensión de la pendiente, S es otro parámetro relacionado con la pendiente, C depende del uso que se le haya dado al suelo (usado para cultivo, o para el ganado, o para construir una casa, etc) y P relaciona la pérdida del suelo con la mecánica que haya sufrido (construcción de terrazas, arado en líneas paralelas, arado siguiendo las curvas del terreno, etc).


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