España se seca. La erosión en la Península Ibérica

La erosión en España

De acuerdo con la UNESCO (Nairobi, 1977), España es el único país europeo con un alto riesgo de desertificación. Cada año se pierden en España más de 1.150 millones de toneladas de suelo fértil como consecuencia principalmente de prácticas agrícolas y forestales inadecuadas, incendios forestales, obras públicas y actividades mineras.

Las Islas Canarias y el sureste peninsular presentan el mayor riesgo de desertificación en nuestro país. Con un riesgo "alto" o "muy alto" se encuentran las provincias de Alicante, Murcia, Almería, Granada, el oeste de Albacete y el sur de Cuenca mientras que con un riesgo "alto" destacan el suroeste de Córdoba y sur de Jaén, así como la provincia de Tarragona y la costa de Castellón.

Mapa de la erosión en España

La zona de Levante y Castilla La Mancha tienen graves problemas de sobreexplotación de acuíferos. En las provincias de Huelva y Almería hay un mal uso generalizado en prácticas agrícolas, como la sobreexplotación a fin de obtener varias cosechas al año, el uso desmedido de pesticidas y plaguicidas, el uso de semillas transgénicas o alteradas genéticamente...

Por su parte Galicia posee amplias zonas reforestadas con Eucaliptos, árboles rentables para la industria papelera pero pésimos en cuanto a lo relativo a la tierra ya que extrae de ellas todos sus nutrientes, dejándolas infértiles. Además, aunque prohibidas, siguen usándose en toda España la quema de rastrojos y restos de poda incrementando el riesgo de incendios.

Según el informe de la UNESCO de 1992, el 26 % del territorio español estaba afectado por graves fenómenos de erosión del suelo, el 28 % sufría una erosión de moderada a importante y un 11 % sufrían ya un bajo proceso de erosión. Es decir, en 1992 sólo el 33 % del suelo español presentaba pérdidas de suelo inferiores a 12 toneladas métricas por hectárea al año. Han pasado ya 21 años.

Paisaje común en la Península

El incremento de construcciones es notable en todo el país, pero también lo ha hecho la concienciación medioambiental de la población de manera que cada día más se busca un equilibrio sostenible a todos los niveles, desde una preferencia por la agricultura ecológica y tradicional hasta una idea de reciclado de materiales y rechazo por peligros que dañan al medio. Los datos están ahí y son alarmantes, sí, pero lo bueno es que consiguen motivar a la población a poner freno a las conductas inapropiadas que puedan degenerar en la desertificación de nuestro entorno.


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